La señora dio a luz un bebé y su esposo llevó a un compadre para que viera a la criatura. "-Mire, compadre -le dice orgulloso-, tiene mis mismos ojos, la nariz de mi suegro, la frente de mi mamá, la boca de mi abuelo... ". "-Sí -dice el compadre-, y el lunar en la pompis de mi comadrita"... Dulcilí, muchacha ingenua, rindió la cándida flor de su virtud a un individuo libidinoso y lúbrico de nombre Salacio Pitorrón. Fecundos suelen ser esos epitalámicos encuentros, y pronto Dulcilí se halló en estado de buena esperanza. (¡Mejor la habrías tenido, desdichada, si hubieses entregado la gala de tu doncellez en lícito desposorio bendecido por Dios y consagrado ante la sociedad! ¿Qué esperas, dime, de ese mal individuo que te buscó tan sólo para refocilarse en ti y hallar espurcísima sedación a s