Afrodisio Pitongo era proclive a todas las concupiscencias, especialmente a la carnal. Un día fue hospitalizado. Lo visitó un amigo, y lo encontró vendado de la cabeza hasta los pies, cual momia egipcia. "¿Qué te pasó?" -le preguntó afligido. Responde Afrodisio con voz feble: "Me golpeó Cornulio". "¿Por qué?" -inquiere el amigo. Contesta el lacerado: "Porque estuve de acuerdo con él". "¿Cómo es posible? -se asombra el visitante-. Los acuerdos mueven más bien a la armonía que a la disensión. ¿Te golpeó Cornulio porque estuviste de acuerdo con él?". "Sí -confirma Pitongo débilmente-. Me contó que su esposa hacía el amor muy bien, y yo le dije: 'Estoy de acuerdo'"... Martiriano, el abnegado esposo de Jodoncia, llevaba siempre en su cartera un retrato de su feróstica consorte. Una compañera de