Don Astasio llegó ayer a su casa y sorprendió a su esposa, doña Facilisa, entrepiernada en el lecho conyugal con un desconocido. Desconocido para don Astasio, pues todos los indicios denotaban que doña Facilisa tenía con el sujeto trato asiduo: le decía "Papashito", "Negro lindo", "Coshototas" y otras expresiones de similar jaez que implicaban confianza y familiaridad. Tal como hacía siempre, el mitrado esposo colgó en la percha su saco, su sombrero y su bufanda, y fue en seguida al chifonier donde guardaba una cierta libretita en la cual solía apuntar palabras denostosas para decirlas a su mujer cuando la hallaba así. Entró en la alcoba y le endilgó a la pecatriz este vocablo: "¡Yira!". Dicho término se usa en Argentina y Uruguay para nombrar a la prostituta callejera. "¡Ay, Astasio! -se