Florimel, hermosa chica, fue a hablar con el padre Picho, el párroco del pueblo. Lo halló en la sacristía. "Mi novio es un hijo de p... -le dijo con enojo-. Anoche me tomó la mano". "Eso no quiere decir que sea un hijo de p..., hija -responde el señor cura-. Mira: yo también te estoy tomando la mano, y eso no significa que sea un hijo de p...". "Luego me agarró una bubi -añade Florimel-. Es un hijo de p...". "No lo es, hija -contesta el sacerdote-. Mira: yo también te estoy agarrando una bubi, y eso no significa que sea un hijo de p...". Prosigue la muchacha: "Pero es que también me hizo el amor. Le digo que es un hijo de p...". "No lo es, hija -insiste el padre Picho-. Mira: ahora yo también te estoy haciendo el amor, y eso no significa que sea un hijo de p...". Declara entonces Florimel: