Hay un elegante restorán en la Zona Rosa de la capital. Se llama "La Pija de Clinton". A ese lugar llevó don Algón, salaz ejecutivo, a Rosibel, muchacha en flor de edad. Ella escogió los platillos más caros de la carta. Al parecer se fijó primero en la parte derecha del menú, la de los precios, y sólo después en la columna de la izquierda, donde venían los nombres de las viandas. Además pidió cuatro aperitivos, dos ensaladas, dos sopas, dos platos fuertes y tres postres; luego un café de los costosos, y por último cinco o seis bajativos importados. "Oye, linda -le dice don Algón muy amoscado-. ¿Así cenas todos los días en tu casa?". "No -replica con una gran sonrisa la muchacha-. Pero en mi casa nadie me quiere fornicar"... Le preguntó alguien a un sujeto: "La persona con quien tuviste tu