Afrodisio Pitongo, concupiscente individuo proclive a la lubricidad y la libídine, fue con un cirujano plástico y le dijo: "Doctor: conocí a una hermosísima muchacha, y me casé con ella. Mi esposa presenta una particularidad muy rara: tiene tres senos". "Ya veo -responde el facultativo-. ¿Quiere usted que le extirpe uno?". Y contesta Pitongo: "No, doctor. Quiero que me implante una tercera mano"... Simbad el Marino entró subrepticiamente en el serrallo del sultán, y tuvo trato de coición con una de las más bellas odaliscas del harén. Consumado aquel trance deleitoso se disponía ya a escapar cuando uno de los eunucos dio el grito de alarma con atiplada voz y modosos brinquitos de doncella. Acudieron al punto los jenízaros que custodiaban el secluso gineceo; apresaron al audaz aventurero y l