Don Senilio, otoñal caballero, casó con Dulcilí, muchacha en flor de edad pero ignorante de los misterios de la vida. La noche de bodas el desposado se inclinó sobre su flamante mujercita y le dijo, travieso: “Te voy a dar un susto”. Tras decir eso reunió todas sus fuerzas y consiguió -no sin apuros- consumar las nupcias. El trance lo dejó rendido. Dulcilí, por el contrario, quedó con ganas de holgarse nuevamente en los deliquios de himeneo. Con acezante tono le pidió a su añoso marido: “¡Dame otro susto!”. Se voltea hacia ella don Senilio y le dice con voz feble: “¡Bú!”... El señor que vivía solo iba a contratar a una nueva criadita. Le indica: “Tu tarea será lavarme la ropa, las sábanas y lo demás”. Contesta la criadita: “Con la ropa y las sábanas no hay ningún problema, pero lo demás t