Babalucas, según se sabe, es el hombre más tonto del condado. Cierto día fue a una demostración de karate. Le dijo el karateca: “Trate usted de picarme los ojos con sus dedos índice y cordial”. Babalucas hizo el intento, pero con rápido movimiento el experto se llevó a los ojos, puesta de filo, la mano abierta, con lo que detuvo el ataque, al tiempo que gritaba un sonoroso “¡Ahhh!”. Le dice luego a Babalucas: “¿Ya vio usted? En eso consiste en buena medida el arte karate: en parar así los golpes del enemigo”. Muy satisfecho por haber adquirido aquel conocimiento Babalucas llegó a su casa y le informó a su esposa: “Acabo de aprender karate”. “¿Qué es eso? -pregunta la señora. Le dice Babalucas: “Te haré una demostración. Trata de darme una patada en los éstos”. La señora, feliz ante aquella