Capronio, rudo sujeto incivil y descortés, le dice a Dulcilí, compañera suya de oficina, muchacha poco dotada en la parte posterior: “Voy a contarte un cuento tan bueno que se te van a caer las pompis de la risa”. Luego, en forma estudiada, la revisa por atrás y añade con fingido desencanto: “¡Uh, ya te lo contaron!... Aquel señor acertó a pasar en el curso de un viaje por la ciudad donde estudiaba su hijo. Aunque era ya de noche, y tarde, tomó un taxi para ir a visitarlo. Llegó a la casa y tocó el timbre. Se abre una ventana del segundo piso y asoma la cabeza un joven. Pregunta el viajero: “¿Aquí vive Leovigildo Patané?”. “Sí -responde el muchacho-. Recárguelo en la puerta; ahorita bajamos nosotros a recogerlo”... Un empresario le dice con disgusto a otro: “Todos tus amigos estamos avergo