Himenia Camafría y Celiberia Sinvarón, maduras señoritas solteras, se confiaban sus respectivos sueños. “Yo -dice Himenia-, me conformaría con una sola noche de amor”. “¿Una nada más?” -se extraña Celiberia. “A estas alturas sí -suspira Himenia-. Pero la voy a pedir en Alaska. Ahí las noches duran seis meses”... Llega un veterinario a la granja de don Poseidón, labrador acomodado pero sin ningún gravamen de cultura, y le dice: “Me especializo en inseminar vacas”. “¿Qué es eso de inseminar?” -pregunta, receloso, el vejancón. “Hacer que queden preñadas” -explica el veterinario. “Ah, ya entiendo -dice don Poseidón-. Sígame, por favor”. Lo lleva al establo y le indica: “Ahí está la vaca. En ese clavo puede colgar su ropa”... Aquella joven aeromoza se había especializado en pilotos de jet. Hast