Un individuo llegó al hospital sangrando profusamente, con una tremenda herida en la cabeza. “¿Qué le pasó, señor?” -le pregunta una enfermera. Responde el lacerado: “Mi esposa me golpeó con unos tomates”. “¿Tomates? -se sorprende la enfermera-. No puede ser. Un golpe con un tomate no produce estos efectos”. “¡Los tomates estaban enlatados!” -solloza el infeliz... Don Nico Tínez no podía dejar de fumar. Desesperado, recurrió a un siquiatra. “Lo que usted debe hacer -le indica el analista- es cambiar un placer por otro. Por ejemplo, en lugar de fumarse un cigarrillo haga el amor”. “¡Imposible, doctor! -se alarma el señor Tínez-. ¿Sabe cuántos cigarros trae cada cajetilla?”... Recordemos hoy -el día lo amerita- el caso de aquel indocumentado mexicano que vivía en un pequeño pueblo del sur de