Un cazador iba por la selva africana, entrando a mano izquierda. Al llegar a un pequeño río de invitadoras aguas le vino el antojo de darse un chapuzón. Se quitó la ropa y se acercó a la orilla. En eso llegó un elefante que también se disponía a refrescarse en el río. El paquidermo ve de arriba abajo al hombre, y luego le dice con asombro: “¿Y puedes tomar agua con esa cositilla?”... Maturina, frondosa mujer que andaba ya en la cincuentena, se casó por fin. Su mayor ilusión era tener un hijo, pero pese a que ponía todo de su parte (y a que ponía también la parte correspondiente de su todo) la cigüeña no llegaba. Ya desesperaba cuando oyó decir que en cierto pequeño pueblo había una iglesia milagrosa: la mujer que en ella rezaba tres avemarías salía inmediatamente embarazada. Acudió, desde