Don Geroncio fue admitido en el Club de Veteranos. El presidente le dio a conocer las reglas. “Aquí no hablamos de política -le dijo-, porque no queremos discusiones. Tampoco hablamos de religión, pues nuestros socios profesan credos diferentes. Y tampoco hablamos de sexo porque...”. “¿Porque es impropio?” -lo interrumpe don Geroncio. “No -responde con tristeza el presidente- Porque ya no nos acordamos”... Don Languidio, otro provecto señor, era funcionario de alto nivel en una empresa. Llegó a trabajar en ella una nueva ejecutiva, mujer de grandes ambiciones, y alguien le dijo que si entraba en relación con el otoñal caballero podría ascender rápidamente en el escalafón. Ella no tenía principios, pero sí tenía fines, de modo que de inmediato se puso en campaña, y no tardó mucho en meter e