En la mesa del café un músico estudiaba la partitura de cierta complicada obra atonal. Tan concentrado estaba en el estudio que al sentir ganas de ir al pipisrúm llevó la partitura consigo, y la siguió leyendo mientras hacía lo que debía hacer. El tipo que estaba al lado ve aquello y le pregunta muy intrigado: “Perdone la curiosidad, maestro: ¿no sabe usted mear lírico?”... Celiberia Sinvarón, madura señorita soltera, estaba soñando. En su sueño vio que de pronto se abría la puerta de su cuarto y entraba un hombre joven, alto, robusto y guapo. “¡¡Cielos! -le dice en el sueño Celiberia al apuesto galán-. ¿Qué me va usted a hacer? ¿Me va a hacer el amor con ternura? ¿Me va a violar? ¿Me va a matar?”. En ese momento, aún soñando, la señorita Celiberia escuchó su propia voz que le decía: “¡¡Po