L U N E S
De vez en cuando se necesita descansar, y en eso estamos. No es nada fácil, digo, ese descanso que nos hemos propuesto y que es no hacer nada, no ese descanso, que es otro cansancio, como el que se goza en la playa o el que se intenta en otras ciudades que se quieren conocer.
Por lo pronto, Anita, estupenda conductora, nos ha traído, con toda seguridad y en un tiempo exacto, pasando antes por Saltillo para recoger a mi hija Elvirita que pretende lo mismo que Elvira y yo, Luz María y Anita: reposar, reparar las fuerzas con la quietud.
La verdad sea dicha: eso de quietud no es cosa de mujeres, por más que se lo propongan.
En fin, con la misma exactitud llegamos al “Refugio” de los Herrera que Emilio ha venido haciendo desde hace años por Allende, N. L., al que cad