Rosilita es el equivalente femenino de Pepito. Un día el niño más gentil, amable y bueno de la cuadra, Querubito, llevó a Rosilita a su casa y le enseñó un canario que su mamá tenía en una jaula. Rosilita suspira con paciencia, alza los ojos al cielo y dice a Querubito: “Te agradezco mucho la invitación, pero esto no es lo que yo tenía en mente cuando te pedí que me enseñaras el pajarito”... El padre Arsilio, capellán del hospital, vio a uno de sus feligreses tendido en el lecho del dolor. El infeliz estaba vendado de la cabeza a los pies, igual que momia egipcia. “¿Qué te sucedió, hijo? -le pregunta el buen sacerdote, consternado-. ¿Por qué estás aquí?”. Responde el lacerado con voz casi inaudible: “Por mis creencias, padre”. “-¿Por tus creencias?” -se inquieta el padre Arsilio. “Sí -conf