Doña Jodoncia, señora de áspero carácter, y don Martiriano, su abnegado esposo, fueron a cenar a un restorán. En una mesa un ebrio solitario gesticulaba y decía incoherencias. Vio a doña Jodoncia y, para asombro de don Martiriano, la saludó con un ademán torpe. “¿Lo conoces?” -le pregunta don Martiriano a su mujer. “Sí -suspira ella-. Es un antiguo novio. Hace 30 años me propuso matrimonio. Lo rechacé, y desde entonces se dio a la bebida”. “¡Caramba! -exclama don Martiriano con sincera admiración-. ¡No sabía que un hombre pudiera celebrar algo durante tanto tiempo!”... Se volcó un autobús lleno de políticos, y todos los pasajeros fueron a dar al Cielo. Se asombraron los recién llegados al ver que las puertas de la morada celestial estaban hechas de oro y plata, con incrustaciones de perlas