EDITORIAL miércoles 31 de dic 2008, 9:07am - nota 9 de 9

Circo en Reforma

Por: Sergio Sarmiento


JAQUE MATE

“Solamente dos cosas desea la gente con ansiedad: pan y circo.”

Juvenal

Cuando el emperador Maximiliano ordenó la construcción de lo que llamó el Paseo de la Emperatriz, buscaba no sólo hacer un homenaje a su esposa Carlota, la princesa belga que lo había acompañado en su aventura mexicana, sino acortar el camino entre el Castillo de Chapultepec, donde residía, y el Palacio de Gobierno, hoy Palacio Nacional, donde despachaba. El trayecto le llevaba, en tiempos de secas, una hora.

Maximiliano quería un bulevar espectacular, con la amplitud de los Campos Elíseos de París. Pero no lo deseaba para uso público. La primera sección del Paseo quedó terminada en 1866, pero el 13 de octubre se prohibió el paso a “vehículos, acémilas y cabalgaduras” (Édgar Tavares López, Reforma: un paseo con historia, 2008). La avenida había de quedar como un camino para el emperador y la emperatriz así como para los funcionarios de su Gobierno. En 1867, tras el triunfo de la república, el gobierno de Benito Juárez nombró Paseo Degollado el amplio e inconcluso bulevar y en 1872 hizo “público lo que nació como exclusivo del emperador y su corte” y lo abrió al tránsito privado.

Hoy, a más de 130 años de distancia, el Paseo de la Reforma, la avenida más bella de la Ciudad de México y quizá de la República, ha vuelto a ser privatizada. Una vez más un gobernante, en este caso de la ciudad, se lo ha apropiado para su promoción política.

Uno de los grandes logros de Andrés Manuel López Obrador como jefe de Gobierno del Distrito Federal fue la restauración del Paseo de la Reforma y de una parte muy importante del Centro Histórico. A lo largo de la avenida surgieron nuevos edificios de gran tamaño y aventurada arquitectura que albergaron oficinas e incluso, por primera vez en décadas, apartamentos residenciales. Instituciones financieras de primer orden se ubicaron una vez más en lo que durante mucho tiempo había sido el centro bancario y bursátil del país.

López Obrador, sin embargo, quiso destruir la misma obra magnífica que había creado. Durante seis semanas en 2006, en protesta por el resultado de la elección del 2 de julio, bloqueó con un grupo de simpatizantes el Paseo de la Reforma, la avenida Juárez y la calle de Madero. De esta manera logró asfixiar la actividad económica del Centro de la ciudad. El actual jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, electo en la misma elección cuyo resultado protestaba, despachaba desde una tienda de campaña sobre el Paseo de la Reforma, en la glorieta de la Diana.

Desde ese entonces el Gobierno capitalino se ha apropiado del Paseo de la Reforma, así como del Zócalo y otros puntos de relevancia de la ciudad, para el provecho político del grupo en el poder. La más importante avenida de México es cerrada cada vez que una organización política afín al Gobierno quiere realizar una manifestación. También se clausura de manera constante para llevar a cabo maratones y paseos en bicicleta, los cuales generan enormes caos viales.

Las empresas privadas obtienen también el uso del Paseo de la Reforma del Gobierno a cambio de pagos o favores que no se revelan. Hace unas semanas la empresa Coca-Cola cerró la avenida para llevar a cabo un desfile promocional. En 2007 no sólo se cerró el paseo para una exhibición de autos de carrera de las firmas ING y Renault, sino que se repavimentó para que estos autos pudieran circular a mayor velocidad.

Hoy nuevamente está cerrado el Paseo de la Reforma. Desde la madrugada del 29 de diciembre el Gobierno del Distrito Federal la clausuró al tránsito público, generando enormes congestionamientos, para preparar una fiesta con la presentación de grupos musicales, como los Tigres del Norte, que tendrá lugar la noche del 31. Esta fiesta, que ha generado un nuevo caos en el Centro de la Ciudad de México, busca, con las pistas de hielo, las playas y los conciertos, entre otros recursos, allanar el camino que presuntamente deberá llevar al jefe de Gobierno a la Presidencia de la República en 2012.

Hemos vuelto a la idea original de ese Paseo de la Emperatriz cerrado como vía pública. Una vez más se ha convertido en simple juguete de un político.

Ya no vivimos, es verdad, en los tiempos en que el gobernante podía pretender que una vía construida con dinero público la utilizaran exclusivamente él, su cónyuge y su corte. Pero la idea fundamental permanece. Hoy se exige a los dueños de los predios a lo largo del Paseo de la Reforma pagar un impuesto que se cuenta sin duda entre los más altos del país, pero la vía pública se utiliza para alimentar las ambiciones de un grupo de políticos que no ha olvidado la vieja lección de los romanos: el voto se compra con pan y circo.

GOLFO DE MÉXICO

Las empresas petroleras latinoamericanas están haciendo grandes inversiones en aguas profundas del Golfo de México, pero no en la parte mexicana sino en la estadounidense. En este diciembre se anunció que Ecopetrol, la empresa colombiana, está participando en un proyecto privado con Statoil Hydro de Noruega. En mayo se reveló que Petrobras, en alianza con la europea Shell, la estadounidense Marathon y la italiana ENI, encontraron un yacimiento en esa región. Mientras tanto la parte mexicana del Golfo de México se encuentra sin exploraciones significativas y a Pemex se le sigue prohibiendo tener socios.

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