Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, tuvo una cita con Afrodisio Pitongo, que gozaba de mucha fama por su fogosidad. Cuando regresó, su compañera de cuarto le pidió muy interesada: “Siéntate y cuéntame lo que sucedió”. “No puedo” -responde con voz feble Nalgarina. “¿No puedes contarme lo que sucedió?” -se extraña la amiga. “No, -replica Pirulina-. No puedo sentarme”... Empédocles Etílez, el borrachín del pueblo, iba midiendo paredes por la calle, como se dice del que en ellas se detiene para no caer. Pasa un sacerdote y le dice: “Soy nuevo aquí, hijo mío. ¿Podrías decirme dónde está el Correo?”. El temulento le indica cómo llegar ahí. Le dice el señor cura: “Ese vicio del alcohol te llevará a la ruina. Ve a la iglesia; ahí te diré cómo llegar al Cielo”. “¡Uta! -farfulla Empédocles com