Cinicio, hombre ruin y sin principios éticos, le contó a un amigo que iba a divorciarse de su esposa. “¿Por qué?” -pregunta el otro. Responde el tal Cinicio: “Todas las noches lleva trabajo a la casa, y eso no me gusta”. Aduce el amigo: “Muchas mujeres llevan trabajo a su casa”. “Sí -admite Cinicio-. Pero la mía trabaja en una casa de mala nota”... Lord Gumby era duro de oído, por no decir que era más sordo que una tapia de la casa de Beethoven. Viajaba con su hijo en tren por la campiña inglesa, y en una estación subió un elegante caballero que se presentó como lord Hooper Dooper, de Sheffield. “¿Quién es? ¿Quién es?” -le pregunta lord Gumby a su retoño. El muchacho, gritándole al oído, repite: “¡Dice que es lord Hooper Dooper, de Shortfield”. “¿De Shortfield? -se interesa lord Goompy-. D