Don Algón, salaz ejecutivo, organizó un ménage à trois en su oficina. Estaba con dos voluptuosas féminas, y hallábanse los tres en traje de Creación -o sea sin nada encima-, entregados a eróticos escarceos sobre el escritorio del lúbrico señor, cuando de súbito se abrió la puerta y entró al despacho la esposa de don Algón. La ve él de sololayo (Nota: nuestro estimado colaborador quiere decir “de soslayo”) y les dice en voz baja a las muchachas: “Es mi esposa. Actúen con naturalidad”... Al término de la comida el mesero del elegante restorán le pregunta al cliente: “¿Le sirvo un café, señor?”. “Sí -acepta el distinguido caballero-. Tráigame un Clinton”. “¿Un Clinton?” -se desconcierta el camarero. “Sí -confirma el señor-. Un americano muy caliente”. Pese a sus pecadillos, que al parecer le