Un mexicano estaba en el bar de cierto hotel de Las Vegas. El hombre era chaparrito y escuchimizado, enclenque, canijo, desmirriado. De pronto se levanta de su mesa, y ante el asombro de los ahí reunidos prorrumpe en un grito sonoroso: "-¡Tiznen a su madre los de California!". Había ahí algunos de ese estado de la Unión Americana, pero eran de San Francisco, de modo que no dijeron nada. Se puso en pie otra vez el chaparrín y gritó de nuevo con estentórea voz: "-¡Tiznen a su madre los de Nevada!". En la cantina estaban muchos de Nevada, pero ellos saben que en un bar o casino de Las Vegas no conviene que haya escándalos, de modo que también callaron. Otra vez se levanta el hombrecito y grita con voz más recia aún: "-¡Tiznen a su madre los de Arizona!". No había nadie de ese estado, cuyo nom