“Quiero que le haga usted el amor a mi esposa”. Así le dijo un tipo a su compadre. Al escuchar aquella insólita demanda el otro quedó atónito, aturdido, pasmado, confundido, anonadado, sorprendido, turulato y sacudido. Pensó que no había oído bien. Inquirió, cauteloso: “¿Qué dijo usted compadre?”. Repite éste: “Dije que quiero que le haga usted el amor a mi mujer”. El otro, sin poder dar crédito a las palabras de su amigo, le pregunta, estupefacto: “Pero, compadre, ¿por qué me pide que le haga yo el amor a mi comadre?”. Responde el tipo: “Porque quiero que la enseñe a hacer el amor como lo hace su esposa”... ¡Vaya manera de empezar la semana laboral, insensato columnista! Con un relato indigno de ver la luz, sobre todo en esta temporada de paz y buena voluntad. ¿En dónde dejas, escribidor