El doctor Ken Hossana le dijo a su paciente, don Celibio: “El nerviosismo que usted muestra, su estrés y depresiones, se deben a falta de actividad sexual. La única medicina que puedo prescribirle es que vaya usted a la casa de madame Nalguier. Con alguna de las pupilas de esa tan reputada meretriz podrá sedar la tensión constante que lo agobia”. Fue don Celibio, pues, a la citada mancebía. Ahí madame Nalguier le fue mostrando a sus muchachas. “Ésta es Cocotte -le dijo-. Sus servicios cuestan 10 mil pesos. Ésta es Harlota. Su tarifa es de 7 mil. Ésta es Tetina. Cobra 5 mil 20 pesos. Los 20 pesos son de un refresco que al final le ofrece”. Al escuchar el monto de aquellos aranceles don Celibio se angustió. Su economía no daba para tanto. Acaso, quizá, tenía para el refresco. Le dijo a la ma