Pobre pecado es la envidia, el único del cual no deriva goce alguno. La envidia es tristeza solamente; consiste en sentir pesar al ver el bien ajeno. Los llamados “pecados capitales”, o “mortales”, más que ser pecados en sí mismos son predisposición para el pecado, fuente de donde manan acciones u omisiones que devienen en pecados propiamente dichos. Todos llevamos dentro de nosotros esas tendencias, ínsitas -o sea connaturales- a la pobre naturaleza humana: la soberbia, la ira, la pereza, la envidia, la avaricia y la gula. Cuando dejamos que alguno de esos impulsos que en nosotros viven se manifiesten con daño para nosotros mismos o para nuestro prójimo, entonces incurrimos en pecado, nombre que en religión tiene la culpa. Pongo toda esa teología parda a fin de justificar la envidia que s