Un hombre sorprendió a su fea esposa en trance de fornicio con un desconocido. “¡Caramba, Uglicia! -le dice con sincero asombro-. ¿Cómo le hiciste para convencerlo?”... El barbero, evidentemente no muy sobrio, le hizo una cortada en la mejilla al indignado cliente. “¿Lo ve? -dice éste furibundo-. ¿Se da cuenta de lo que hace la bebida?”. “Sí, señor -responde el fígaro-. Hace que la piel del rostro se vuelva muy delicada”... La amiga de la recién casada le pregunta: “Le gusta a tu marido tu forma de cocinar?”. “¿Que si le gusta? -responde con orgullo la muchacha-. Siempre que llega a la casa la segunda cosa que me pide siempre es que le sirva de comer”... Don Geroncio, señor de edad madura, fue a una casa de mala nota, y contrató los servicios de una de las señoras que ahí profesaban el muy