Pirulina y Pitorro se casaron. Ya habían disfrutado, sin embargo -y muchas veces-, de la mutua dación de sus respectivos cuerpos. Si alguien les hubiera preguntado: “¿Practican ustedes el sexo?”, ellos habrían respondido: “No necesitamos practicarlo. Ya lo tenemos bien dominado”. Se casaron, pues. Al término de la ceremonia nupcial el oficiante le dice al tal Pitorro: “Ya puede usted besar a la novia”. Se inclina él sobre Pirulina para darle el beso, pero ella lo detiene y le dice: “Hoy no, querido. Me duele la cabeza”. (En efecto, hay un alimento que anula en algunas mujeres el interés por el sexo. Es el pastel de bodas. Pescado el pez no tiene caso ya seguir usando el cebo)... Había un equipo de futbol, los Panaderos, que tenía dos jugadores de nombre Agapito. A los dos les decían Pito,