Torreón domingo 30 de nov 2008, 12:01pm - nota 19 de 20

Francisco L. Urquizo, el revolucionario escritor

Por: Yohan Uribe Jiménez El Siglo de Torreón/ Torreón, Coah.
Fotografía adquirida de un archivo familiar, tomada posiblemente en Parras de la Fuente, donde se aprecia al general Francisco Luis Urquizo al lado del general Manuel H. Reyes Iduñate.


Originario de San Pedro de las Colonias, Coah.,

Urquizo no sólo participó de manera importante en

la Revolución Mexicana sino que se convirtió en el

principal exponente de un género literario que marcó

toda una época en las letras nacionales.

Trasladar un

hecho real a la ficción siempre

ha sido una constante dentro de

la literatura, para ello, muchos

escritores se sumergen en profundas

investigaciones, lecturas,

consultas y todo lo que les

permita saber un poco más de

esa realidad que buscan llevar a

la ficción. Pero contar la historia

desde la realidad misma es diferente,

más cuando esa realidad

tiene que ver con guerra, hambre,

pobreza y una revolución

que cambió la historia contemporánea

de un país.

Si un género literario se

puede catalogar como mexicano

es precisamente la “Novela Revolucionaria”,

aquellas narraciones

cuyo tema central está

basado en las acciones que se

presentaron en torno al proceso

social que se vivió en México

por 1910. Las condiciones sociales

y los testimonios de quienes

protagonizaron de una u otra

manera el proceso, hacen parte

junto a los grandes mitos, los

héroes populares y las heroicas

batallas, de grandes páginas de

la literatura universal.

Uno de los mayores exponentes

de este género, quien

brilló no solamente por la avidez

de su pluma y el humanismo

que utilizó para describir las vivencias

de sus personajes, sino

porque además fue un gran soldado

en la Revolución Mexicana,

es el sampetrino Francisco

L. Urquizo, autor de grandes

obras narrativas como Tropa

Vieja, consideradas por muchos

como fieles testimonios de los

sucesos de la Revolución.

Como paradoja en su ciudad

natal no existe un museo o

centro de estudios que rescate

su legado, la casa que atestiguó

sus primeros años de infancia

es un espacio físico más

en una calle, cuyos habitantes

en su mayoría desconocen

quién fue Francisco L. Urquizo,

como soldado y como escritor,

sólo un busto se yergue tímidamente

frente al DIF de

San Pedro y un edificio del Gobierno

del Estado construido

recientemente intenta sacar su

nombre del olvido, porque en

el Municipio no existe proyecto

alguno con referencia a tan

importante personaje.

“¿A poco creían los rebeldes

que ganando ellos iban a acabar

con los poderosos, con los patrones,

con los que tuvieron la

suerte de educarse bien? Podrían

tirar a un mandón, pero

no sería sino para poner a algún

otro en su lugar. ¿La igualdad?,

imposible; siempre habría de

haber ricos y pobres, desmedrados

y opulentos; igualdad, sólo

en la muerte y aun eso mismo

estaba todavía por verse.

¿Quién sabe el más allá? Y si

era cierto lo que decían los curas,

también en la otra vida habría

de haber un infierno para

los desafortunados y una gloria

para los que tuvieron mejor

suerte; y en vez de patrones españoles,

jefes políticos, y cabos

y sargentos, puede que hicieran

allí sus veces los santos y los

profetas y los mártires o como

se llamaran...”.

EL SOLDADO

Francisco Luis Urquizo Benavides,

llamado por muchos como

el novelista del soldado, se

integró a la Revolución Mexicana

en su tierra natal, San Pedro

de las Colonias, Coahuila, en el

frente que comandaba Emilio

Madero, y es precisamente

cuando triunfa el maderismo

que Urquizo se integra a la

guardia presidencial de su paisano

Francisco I. Madero, al

que acompañaría incluso en el

periodo crítico conocido como el

Decenio Trágico.

Luego de la muerte del presidente

Madero emigra de la

Ciudad de México y se une al

Ejército Constitucionalista al

mando del también coahuilense

Venustiano

Carranza;

en 1913

participó en la

Toma a Torreón

y el ataque

a Monterrey

con la División

del Norte.

Fundó la academia

mayor,

origen del actual

Heroico

Colegio Militar.

Fue nombrado

con el grado de

General de División

por el

presidente Manuel

Ávila Camacho,

como subsecretario

y secretario de

la Defensa Nacional,

Urquizo fue uno de los

impulsores de la modernización

del Ejército

Mexicano.

Tras los hechos suscitados

en Tlaxcalantongo, Puebla,

el 21 de mayo de 1920,

donde perdió la vida el presidente

Venustiano Carranza,

el Novelista del soldado terminó

en la prisión militar de

Santiago Tlatelolco, donde

también fueron recluidos los

generales Murguía, Barragán

y Mariel. Luego de ser puesto

en libertad decide exiliarse en

el viejo continente, donde

cambiaría los fusiles por la

pluma con la que dio magistralmente

vida a obras como

el Capitán Arnaud.

EL ESCRITOR

De las 34 obras que salieron de

la imaginación de uno de los soldados

que mayor presencia ha

tenido en la historia contemporánea

de México, Tropa Vieja es

la que expone con mayor claridad

la sensibilidad con la que

Francisco L. Urquizo narró los

hechos revolucionarios. Según

el escritor Salvador Novo, la

novela escrita por el sampetrino,

es la mejor novela revolucionaria

que se ha escrito.

Una edición popular que se

convirtió en un fenómeno literario

que vendió decenas de miles

de ejemplares, que eran adquiridos

por los lectores en puestos

de revistas, farmacias, terminales

de autobuses, misceláneas

de poblaciones pequeñas e incluso

a través de los voceadores

que a diario distribuían los periódicos

en el país. La historia

de Juan, a quien la leva porfirista

enrola en el ejército federal,

es una nueva lectura sobre los

sucesos históricos.

En su obra, el general Urquizo

dibuja con palabras una

acuarela acerca de la vida cuartelaria

de principios del siglo

XX, antes y durante la Revolución,

una obra que no escatima

detalles, aun cuando éstos tienen

que describir vejaciones y

crueldades. Una narración en

primera persona en la que el

personaje principal, el protagonista,

es el soldado de leva, el

héroe que carga a sus espaldas

la jornada y su día a día en una

guerra de hombres desposeídos

de todo bien, escrita desde el recuerdo

mismo del autor.

En esta acuarela el novelista

dibuja los pasajes pictóricos

que marcaron la vida de Espiridión

Sifuentes, el humilde mozo

de hacienda que de manera repentina

se ve uniformado y sujeto

a la rígida disciplina del

porfirismo. Luego su pluma se

vuelve violenta para darnos una

clara idea de los primeros combates

revolucionarios y alcanza

proporciones de tragedia para

narrarnos el infierno de fuego y

tremendas pasiones que se desatan

en la “Toma de Torreón” y

la “Decena Trágica”, para concluir,

en un ambiente mezclado

a partes iguales de pesimismo y

esperanza.

EL LEGADO

En su novela “Los de abajo”, el

jalisciense Mariano Azuela

cuenta algunos detalles

desconocidos

de la Revolución, y

la encarnada lucha

de Demetrio Macías

contra los federales.

En sus dos magistrales

tomos de

“La Sombra del

caudillo”, el escritor

Martín Luis Guzmán,

originario de

Chihuahua, critica

el caudillismo que

se vivió en México y

que fue determinante

para la permanencia

militar en

el poder, describiendo

personajes

de accionar turbio,

como Álvaro Obregón.

Como estos dos antecedentes

existen varios que cronológicamente

indican el inicio

del género literario.

El Ulises criollo escrito

por el gran intelectual de Oaxaca,

José Vasconcelos, aunado

a narraciones de la talla de

Mauricio Magdaleno, hacen

de la historia de la novela revolucionaria,

un género literario

netamente mexicano,

que contó en sus filas con uno

de sus mejores exponentes

de La Laguna, cuyo poder

imaginativo construyó historias

desde una visión empírica

y realista del proceso que

causó mucha sangre en el

México contemporáneo.

En el olvido

A lo largo del municipio de San Pedro

de las Colonias, uno se puede encontrar

con ríos completos de estudiantes que

adornan las calles de la ciudad lagunera,

personas que caminan de un lado

para el otro, buscando una sombra que

los proteja del azote de los feroces rayos

del sol y transeúntes indiferentes

que intentan cumplir con los deberes

cotidianos. En el recorrido por estas calles

intentando hacer uso de la memoria

colectiva, realizamos un sondeo entre

varios grupos de personas con características

sociales, económicas y educativas

diferentes, a fin de saber qué tan familiar

les era el nombre del general

Francisco Luis Urquizo Benavides.

De un grupo de 10 estudiantes de

último año de preparatoria, ninguno conoció

el nombre de Urquizo como escritor,

a ninguno le sonó el título de obras

como Tropa Vieja o Fui soldado de levita

de esos de la caballería. Solamente

dos lo relacionaron con acciones de la

Revolución, y seis no sabían que había

nacido en San Pedro.

En un grupo de 10 jóvenes profesionistas,

tres sabían que Urquizo era el

autor de la novela Tropa Vieja, aunque

ninguno la había leído, seis sabían que

fue originario de San Pedro, aun cuando

5 de ellos relacionaron el nombre del

Novelista del soldado, con la guerra de

Independencia, suceso histórico con

100 años de anterioridad al nacimiento

del personaje.

La situación fue diferente al momento

de preguntarle a un grupo de 10 personas

de la tercera edad, la mayoría de

ellos no cursó la preparatoria y sin embargo

8 sabían que Urquizo fue un gran

sampetrino que luchó en la guerra de la

Revolución, 6 leyeron en su juventud

Tropa Vieja y por lo menos 9 nos dieron

indicaciones del lugar donde el general

había pasado su infancia.

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