La historia que voy a contar es de notoria sicalipsis. Las personas con escrúpulos deberían abstenerse de leerla... Naufragó un barco australiano que llevaba un cargamento de ovejas. Hubo tan sólo tres sobrevivientes: uno de los marinos del navío, una oveja, y el perro que había cuidado del rebaño. Nadando llegaron los tres a una isla desierta, pero dotada de los elementos necesarios para la subsistencia, y ahí se dispusieron a vivir. Al paso de las semanas otra urgencia a más de las alimentarias acometió al pobre marinero. Cuando creció el apremio empezó a ver con tiernos ojos a la oveja. En sus eróticos deliquios la miraba como si fuera náyade hermosísima, ondina bella de las marinas fuentes o dríada del bosque. Cierta noche, sin poder ya contenerse, fue hacia a ella con intenciones que