En un pequeño restorán con mesas en la acera tres sujetos bebían su café, al tiempo que miraban el paso de las guapas muchachas por la calle. A cada una la veían con ojos de conocedores que saben apreciar la belleza femenina, y a cada una la calificaban. “A ésa le pongo 10” -opinaba el primero. “Yo, 9” -votaba el segundo. Decía el tercero: “6”. Pasa otra chica lindísima. “Le doy un 8” -califica el primero. “Yo también” -coincide el segundo. Dice el tercero: “4”. Otra muchacha guapa atraviesa la calle. Juzga el primero: “Tiene 7 de calificación”. “Yo le doy 6” -declara el segundo. Dice el tercero: “2”. “¡Oye! -se molesta el primero-. Nosotros calificamos a las chicas con 10, 8, 7; y tú dices: 6, 4, 2. ¿Acaso eres más exigente que nosotros, o te consideras con mejor gusto?”. “De ninguna mane