“Me acuso, padre -dice Susiflor en el confesionario-, de que estoy entregada en cuerpo y alma al Señor”. “Eso no es pecado, hija mía -dice el sacerdote-. Por el contrario, es una gracia muy grande estar entregada en cuerpo y alma al Señor”. “¿Al de la tienda?” -pregunta tímidamente Susiflor... Pepito y su hermanita iban a ser operados, y estaban ya en el hospital. A la niña le iban a sacar las amígdalas; a Pepito le iban a hacer la circuncisión. Para no asustarlo, también a él le dijeron que lo iban a operar de las amígdalas. Cuando después de la pequeña intervención volvió Pepito al cuarto, le preguntó su hermanita: “¿Cómo te fue?”. “Muy bien -dice el chiquillo-. Pero creo que los doctores van a tener problema para encontrarte las amígdalas a ti”... En otra ocasión Pepito veía a una guapa