Si los refrescos hubieran estado tan fríos como las palomitas, y la película tan buena como la empleada de la dulcería, otra cosa habría sucedido. Pero los refrescos estaban tibios, las palomitas casi heladas, y la película era pésima (se exhibía “Yes, Giorgio”, con Luciano Pavarotti y Eddie Albert; 1982); de modo que los papás de Dulcilí se salieron del cine a la mitad de la función. Cuando llegaron a su casa recibieron una mayúscula sorpresa: en la sala estaba su ingenua hija en erótico abrazo coital con su novio. Aunque estupefactos, los papás de la muchacha notaron que el galancete hacía las cosas con las manos entrelazadas en la nuca, como las ponen los prisioneros de guerra o los detenidos por la policía. Antes de que los asombrados padres pudieran pronunciar palabra, Dulcilí explicó