Nosotros lunes 10 de nov 2008, 5:52pm - nota 3 de 10

Ensayo sobre la cultura / AZTECAS TEXTO Y CONTEXTO

Por: José Luis Herrera Arce


No puedo dejar pasar esto de los aztecas, cada vez que salgo a la calle y me encuentro a la ciudad llena con publicidad política y caras de aspirantes a diputados locales me lo recuerda. Dicen que eso también puede llamarse contaminación visual; contaminación que ha sido pagada con nuestros impuestos y que ya debería ser retirada de las calles para dar paso a la ambientación de navidad que de seguro vana decir que no hay dinero para ponerla.

Hablemos entonces de los aztecas. Por principio de cuentas he de decir que Coahuila nunca fue azteca. En este territorio hay como treinta y tantas etnias indígenas como para tener que recurrir a la azteca para que nos represente; eso en primer lugar. En segundo lugar, para la conquista del territorio se recurrió a los Tlaxcaltecas para “civilizar” a las tribus autóctonas, que a mucho orgullo de ellas, no se dejaron civilizar sino que prefirieron morir antes de sucumbir ante el dominio de los españoles.

Los tlaxcaltecas y los aztecas eran pueblos enemigos. Los tlaxcaltecas, aliados de los españoles, ayudaron a vencer al gran imperio que los mantenía aterrorizados y que les había envuelto en un cerco donde se realizaban las guerras floridas. Xicotencatl era el jefe de los Españoles aliado de Cortés; el hijo lo único que hizo fue desertar de las filas de esta alianza para posteriormente encontrar la muerte.

En Saltillo hay una calle con el nombre de Xicotencatl (si ya se que me van a decir que es por el hijo y no por el padre pero yo más bien creo que fue al revés, o me gustaría creerlo). En Saltillo hay un barrio que se llama de San Esteban de la Nueva Tlaxcala que es el ocupado por los descendientes de aquellos tlaxcaltecas. Algunas de estas familias pasaron también a Parras con lo cual no sería raro encontrar en nuestra sangre más relación con los de Tlaxcala que con los aztecas.

Por causa de la construcción de los nacionalismos en el siglo XIX tuvimos que echar mano de los mitos para construirnos una nacionalidad. El México independiente al querer negar su herencia española se hizo Azteca, fundiendo en una sola etnia la gran diversidad de etnias que había en el territorio nacional; y queriendo olvidar que también los aztecas fueron un imperio tan cruel o tal vez más que el español. Pero no sólo eso, olvidando que el orgullo de otros era no haber sido vencido nunca por ese imperio como es el caso de los tarascos o haber sido tan grande y sobre todo independiente de ellos como es el caso de los mayas. Ni siquiera los dioses eran los mismos.

Quien tiene un nacionalismo de superficie piensa que lo mexicano puede traducirse en lo Azteca; del cual, según parece, no hay que conocer mucho. Por cuestión de estas traducciones interculturales, las danzas indígenas (utilizo esta palabra para englobarlas todas) tal vez utilizados en el mundo prehispánico para honrar a sus dioses, que no hay que olvidar que era, sobre todo la Azteca, una religión centrada en los sacrificios humanos cuya razón de ser era mantener con vida a Huichilobos (Huichilopoztli) Dios solar, con la conversión se utilizaron para honrar a el Dios Cristiano, pero más que nada para honrar a la Virgen de Guadalupe que se convirtió en la madre de los mexicanos. En esta región, desde siempre , han existido estas danzas las que comúnmente conocíamos como los matachines y todas las clases sociales la han bailado y la siguen bailando en todos los barrios en las fiestas de sus santos; es una de las manifestaciones más fuertes de la cultura popular. Los trajes son los que se han modernizado; los que de alguna manera u otra han perdido su humildad para hacerse más vistosos, más lujosos, más presuntuosos; que es alejarse, para mi gusto, del sentido de humildad que la religión cristiana debiera de cultivar en estas manifestaciones. Por ahí va la presunción del penacho que hace poco nos hicieran. Tal vez intentaba competir con el de Moctezuma que desgraciadamente se encuentra en un museo europeo. Cada quien presume lo que puede; lo que no fue bien visto fue el tiempo y el lugar. ¿Qué tiene que hacer un tipo con tales hábitos en un evento que conmemora a Don Francisco I. Madero? Me pareció niño de primaria queriendo ir a la escuela con su traje de vaquero. Fuera de contexto y fuera de lugar.

Nos quería presumir sus plumas, pues las originales eran de Quetzal, un pájaro que no abunda mucho por estos lugares.

Aún así, es bueno que haya quien se preocupe por nuestras tradiciones y por nuestros ancestros; bueno si en verdad les importara ya hubieran resuelto un error garrafal que en nuestra ciudad existe con respeto a los aztecas y que ya anteriormente me he referido a él; es el monumento a Cuauhtémoc que se encuentra afuera de un hipermercado. Esta sobre la base de una pirámide y la orientación de las pirámides son místicas; este misticismo, si en verdad nos interesara nuestras tradiciones, deberíamos respetarlas. Decía pues que la orientación de la pirámide se encuentra equivocada, mira hacia el sur (Habrase visto) debiera de estar viendo hacia el poniente que es hacia donde están orientadas todas las pirámides originales que inundan el país.

Bibliografía para conocer a los aztecas abunda; comenzando por el libro de Sahagún (sepan cuantos # 300). Toda la crónica de la conquista en pro y en contra del conquistador. Un café de esos nuevos con librería alguna vez exhibió una colección como de cincuenta títulos. De todos modos en mi editorial preferida, la que siempre mencionó, está inundada de ellos; Ángel K María Garibay cuenta con muchos estudios de literatura e historia. Ahora que si van a Educal, encontraran mucho más. (Hay una colección que se llama Cien de México donde hay análisis sobre Quetzalcoatl por ejemplo, o los dioses que se negaron a morir). Por si esto fuera poco contamos con un museo de antropología, con una sala dedicada a los Irritilas.

Ahora que si con esto no llenan , pues hay que viajar por el país para conocerse; mi estado favorito es Michoacán y luego Oaxaca Tan llenos de artesanías tan extrañas como los diablos de Ocumicho y los Alebrijes; mística como los árboles de la vida, surrealista, en gran variedad de gustos, de materiales, tan llenas de imaginación.

Nadie puede morirse sin haber ido al Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.

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