Mis cuatro lectores habrán de perdonar: nunca he podido contar una historia arrancada de la vida real. La vida real se ha mostrado cicatera conmigo; jamás me ha permitido que le arranque una historia, ni aun la más modesta. Todas mis historias las debo inventar yo mismo, y eso sí cuesta trabajo. Tengo más mérito, entonces, que los escritores que cuentan historias arrancadas de la vida real, pues a ellos la vida real les ayuda permitiéndoles que le arranquen historias, y a mí no me deja arrancarle ninguna. La historia que contaré enseguida, pues, no ha sido arrancada de la vida real. Pero parece arrancada de la vida real, y eso ya es bastante. Tiene que ver con la actual crisis económica, una más de las muchas crisis que hemos padecido, tantas que las nuevas generaciones no saben lo que es