Torreón jueves 10 de jul 2003, 11:22am - nota 9 de 10

MIRADOR

Por Armando Fuentes Aguirre

El Cristo que en su iglesia tiene el padre Soárez suele de vez en cuando contarle un cuento. Sabe que los hombres son pequeños, y siempre necesitan cuentos.

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-Éste era un espejo -le narró un día-, que se volvió como ustedes, los humanos. Quiero decir que se hizo egoísta. Pensó que la luz que reflejaba le pertenecía, y no la reflejó ya más. En un tiempo aquel espejo difundía la luz: era un espejo bueno. Los niños jugaban con su resplandor; las muchachas contemplaban su belleza en él. Pero cuando el espejo se hizo malo ya nada reflejó, y fue tan sólo una superficie muerta.

-Así pasa -concluyó el Cristo-, con aquéllos que no reflejan en su prójimo el amor de Dios. De nada sirve tener fe si esa virtud no se difunde, convertida en obras de bondad, a los demás. Quien dice amar a Dios y no refle


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