Un citadino fue a una región agreste en la montaña. Quería estar a la moda, y hacer ecoturismo. Alquiló una mula para internarse en la foresta, pero el animal era de la peor ralea: a cada paso detenía la marcha y se negaba a andar. Una mujer vio desde su cabaña los apuros del viajero, y lo llamó. “Cuando una mula no quiere caminar -le dijo- los hombres de aquí le untan chile en la cola”. Pidió el viajero: “¿Tiene usted un poco de esa urticante sustancia, para ponerle a esta maldita bestia?”. La montañesa fue a su cocina y regresó con un plato del quemante condimento. El hombre untó una buena porción en el tafanario de la acémila, y devolvió el plato de chile a la mujer. Sintió la mula el escozor quemante y salió disparada por el monte pegando coces y respingos. “¡Caracoles! ¡Recórcholis! ¡