Don Ombroso recibió la visita de un compadre suyo, y lo invitó a cenar. Esa noche se desencadenó una violenta tempestad, y el compadre no pudo emprender el camino de regreso al pueblo. “Quédese a dormir con nosotros -lo invita don Ombroso-. Tenemos una sola cama: usted dormirá en una orilla; lo haré en el centro yo, y mi señora dormirá a mi lado”. Así lo hicieron. Apenas amaneció, el compadre de don Ombroso lo llamó aparte y le dijo: “Lamento decirle, compadrito, que mi comadre , la esposa de usted, es una casquivana”. “¿Por qué lo dice?” -pregunta don Ombroso frunciendo el entrecejo y otras cosas. Responde el compadre: “Toda la noche me tuvo agarrado de cierta parte cuyo nombre no es para mencionarse aquí”. Aclara don Ombroso: “No fue mi señora, compadre. Fui yo el que lo tuve agarrado de