Aquellos novios se casaron y fueron a disfrutar su luna de miel. Ella fumaba; él no, y siempre le había pedido a la muchacha que dejara el vicio. “Si sigues fumando -le decía- tus encantos no se van a desarrollar”. Llegada la noche en que se conocieron al natural, él le hizo notar a su flamante mujercita el reducido tamaño de sus bubis. “¿Lo ves? -le dice en broma-. Siempre te dije que si seguías fumando tus encantos no iban a crecer”. Pregunta la muchacha: “Y tú ¿has fumado alguna vez?”. “¡Jamás! -responde enfáticamente el desposado. “Entonces -le dice ella- ¿cuál es tu explicación?”... El astrónomo llegó a su casa y sorprendió a su esposa en brazos de un desconocido. “¿Por qué me haces esto, Mesalina! -le reclama con doliente acento-. ¡Jurabas que yo soy todo tu mundo!”. “Y lo eres, Gala