Sue Spicaz, muchacha desconfiada. era liberal con su cuerpo, pero de la cintura para arriba únicamente. Solía manifestar: “De la tapia, todo. De la huerta, nada”. No entregaba el último reducto de su intimidad, pero dejaba que sus galanes le masajearan cumplidamente el busto, y que en él conjugaran todas las formas del verbo mexicano cachondear, que significa, al decir de la Academia, “acariciar amorosamente a una mujer”. (Yo cambiaría ese romántico “amorosamente” por un realista “lúbricamente”). En mis tiempos y en mi ciudad decíamos “pichonear”. Valle Arizpe añadía el sinónimo “guacamolear”, y don Francisco J. Santamaría señalaba que eso era “manosear a una mujer hasta ponerla en celo”. Pues bien: sea manoseo, guacamoleo, pichoneo o cachondeo las bubis de Sue Spicaz sabían de todo eso. S