Murió sor Bette, monjita adoratriz, y por su vida de virtud fue a dar al Cielo. Ahí el portero celestial, San Pedro, le dijo que de momento no había cuarto disponible para ella. La puso en lista de espera y le pidió que regresara al mundo. "-Échame un telefonazo dentro de una semana -le indicó-, a ver si para entonces ya tengo habitación". Pasada la semana telefoneó sor Bette, y San Pedro le dijo que aún no había lugar. "-Por favor, -suplicó la monjita-. Dame un lugar cuanto antes. Fuera del convento la vida es otra para mí. Ayer, por ejemplo, me fumé mi primer cigarro. Eso ¿pone en riesgo mi posibilidad de entrar en la morada celestial?". "-Pone en riesgo tus pulmones -le contestó San Pedro-, pero de lo demás no te preocupes: el Cielo ya lo tienes merecido. Espero otra llamada tuya la sem