Me habría gustado conocer a don Francisco Broissin Abdalá.
Hombre de letras, fundó en 1933 el Ateneo Veracruzano, y junto con sus amigos llevó a cabo una encomiable labor de cultura cuyos frutos perduran hasta hoy.
Don Francisco recogió en un libro las antiguas leyendas de Veracruz. Sus páginas guardan las consejas del hermoso puerto; aquellas narraciones que él escuchó de labios de ancianos que a su vez las oyeron, cuando niños, de labios de otros ancianos, que a su vez...
He leído ese libro con deleite, y me he llenado con el espíritu -sabroso y recio, como el espíritu del vino- de aquellos monjes, marinos, caballeros, mujeres de aciago destino cuyas vidas y muertes forman la rica imaginería veracruzana. Doy gracias al doctor Guillermo Broissin por haberme regalado la obra de su padr