Don Gerontino estaba en un asilo para ancianos. Cuando cumplió 90 años una de las viejecitas que estaba también ahí entró a su cuarto, le quitó la ropa, tomó en su mano cierta partecita de don Gerontino y se la sostuvo durante una hora. Le dijo que ése era su regalo de cumpleaños. Cuando el invernizo caballero cumplió 91 años volvió otra vez la misma viejecita, e hizo igual que la primera vez. Y lo mismo volvió hacer en el aniversario 92 de don Gerontino, y en el 93 y el 94. Cuando el señor cumplió 95 años fue otra vez la viejecita a su habitación, a hacerle a su amigo el consabido regalo, y se sorprendió al verlo con otra viejecita, que también le había quitado la ropa y le sostenía la dicha partecita. “¿Por qué me cambias por esta mujer? -le preguntó con enojo-. ¿Qué tiene ella que no te