La i Saltillo sábado 4 de oct 2008, 10:02am - nota 1 de 5

El trenazo. El desastre ferrocarrilero

Por: Daniel García Meza - La i Saltillo


La catástrofe que enlutó a cientos de saltillenses hace 36 años

Un día como hoy, pero de 1972, casi dos mil personas venían luego de celebrar la procesión en el templo de San Francisco en el colonial pueblo de Real de Catorce, en San Luis Potosí, resultaron lesionados y otros murieron al quedar prensados o ardieron en llamas ocasionadas por un enorme choque entre los vagones del tren El Peregrino en el Puente Moreno.

Varían las razones

Entre las versiones que circulan por las personas que sobrevivieron, o que les tocó escuchar el rumor del fenómeno, aún corre el rumor de que el maquinista Melchor Sánchez Echeverría y los demás miembros de la tripulación se embriagaron y subieron mujeres para divertirse, aquella fatídica noche, sin embargo no fue la única causa, ya que además de que los 22 vagones tenían sobrecupo, el par de máquinas no tenían freno dinámico y el tren venía a 120 kilómetros por hora, cuando lo permitido es de 60 kilómetros, debido al exceso de velocidad al entrar a la curva del Puente Mo­reno el tren se descarriló con gran fuerza, que presuntamente los dos primeros vagones se enterraron. Mientras que los demás chocaron cayendo unos sobre otros.

Encuentran culpables

Al examinar a la tripulación del convoy, encontraron que el maquinista Melchor Sánchez Echeve-rría, Jesús Rocha Serna y Juan Juárez Alvarado supuestamente en su sangre corría alcohol en ese entonces y al saberlo eso la muchedumbre trató de lincharlos, porque conocidos y parientes habían muerto, posteriormente estuvieron encerrados y al no encontrar elementos incriminatorios los dejaron libres.

No obstante la probable causa mecánica reveló que fallaron los frenos, porque en la segunda válvula estaba cerrada, lo que impidió el flujo del aire hacia los demás carros y con esto se quedó sin frenos. Pero no fue sólo eso, porque de todas maneras del tren y la maquinaria del Peregrino no era apto para el traslado de personas y anteriormente de la enorme falla, ya había ocurrido el convoy un año antes del incidente que vistió de negro a Saltillo.

Quedan vivos

De aquel deplorable accidente alrededor de 213 ciudadanos sobrevivieron, según cifras proporcionadas a los medios.

Entre los testimonios más conocidos y conmovedores se encuentra el de Gabriel Acosta Cabre-ra, Socorrista y Chofer de la Cruz Roja, y María Te-resa Astorga, Coman-dante de la institución anteriormente referida, quienes estuvieron muy de cerca del suceso, y quienes vivieron la frustración de no poder hacer más por toda la gente que lloraba y clamaba auxilio al estar sufriendo quemaduras, heridas y demás lesiones. Apesar de que ya han pasado 36 años, en su memoria está presente el patético recuerdo de mujeres gritando que las ayudaran, de niños que pedían auxilio al estar quemándose, que pedían a gritos que no le cortaran el brazo o la pierna a sus madres, aún recuerdan como cientos de personas sufrían lesiones por el trenazo.

Todo un fenómeno

Como el infierno descrito por Dante Alighieri, es como lo recuerda Gabriel Acosta, quien en ese momento era Chofer-Soco-rrista de la Cruz Roja y quien luego de terminar su turno el 5 de octubre de 1972 alrededor de las 10:00 de la noche, al cubrir los descansos de los choferes, tenía poco de haber llegado a su hogar, cuando de pronto escuchó que alguien tocaba la puerta y era un Chofer- Socorrista, Luis Gerardo García Dá­vila, que le comunicaba que iban a requerir de sus servicios, pues había ocurrido un accidente en el que había como 400 heridos, hecho que dejó incrédulo a Gabriel Acosta, preguntando que dónde había sido, entonces le respondió que en el Puente Moreno, que por toda la calle de Obregón, al sur de la ciudad. Cosa que puso muy desconcertado a Acosta Cabrera, ya que no se explicaba cómo en un transporte se podría accidentar tanta gente, en un lugar solitario y al ver el reloj eran las 12:20 de la madrugada, además que en un autobús no cabrían tantas personas, entonces se subió a su motocicleta y se dirigió a la Cruz Roja, en la que su hoy esposa, María Teresa As­torga Ramírez, era encargada de la ubicación y recepción de la humanitaria clínica.

Quien en ese entonces era Comandante, encargada de ubicar a los Choferes-Socorristas, lo que ahora son los Paramédicos.

No se borran

En la mente de Gabriel Acosta Cabrera aún siguen los rastros de esa tragedia, en la que venían casi 2 mil personas que provenían de darle las gracias a San Francisco de Asis, todavía recuerda aquellos 5 días de terror y de angustia en los que registraron los vagones caídos, en los que mujeres les gritaban “nos estamos quemando, ayúdenos” al igual que de menores, que a veces se les imposibilitaba ayudarlos. El tercer día de labor fue cuando sacaron a un joven que estaba prensado, colgando de cabeza, atrapado entre los retorcidos fierros, ese mismo día ‘rastrillaron’ dedos, cabellos y demás restos humanos hacia un arroyo cercano, pero no quedó nada enterrado, como dicen, expresó el ahora pensionado.

De cerca

La Comandante, de aquel entonces, María Teresa Astorga Ramírez también presenció muy de cerca el impresionante acontecimiento al recibir esa noche a 7 u 8 heridos, que fueron trasladados por un auto de servicio público, entre ellos un niño con la piel del rostro casi cayéndosele y quienes acompañaban al menor les dijeron que hubo un choque y muchos heridos, pero nunca se imaginó que sería de esa magnitud. Luego del enorme percance, ya que habían trasladado a los heridos, la Cruz Roja no se daba abasto de tantos lesionados, al igual que no se contaba con tanto personal, así que hasta las encargadas del patronato de la Benémerita Cor­poración tuvieron que ocupar el cargo de comandantes y éstas a su vez de enfermeras para atender a los heridos, pero no era posible ayudar a todos a la vez” exteriorizó la ahora ama de casa. Las imágenes que siguen en la cabeza de María Teresa las calificó como impresionantes, pues nunca había visto tantos heridos y tan graves, con fracturas expuestas, quemaduras, algunos sin dedos, ni piernas, ni brazos a consecuencia del dramático encontronazo al dar un giro y no responder los frenos del tren lo que provocó el funesto contingente.

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