Casó Bucolio, joven labrador sin ciencia de la vida, con Nalguirina, artista de un circo que acertó a pasar por el lugar donde vivía el muchacho. Ignorante de las cosas de himeneo Bucolio le preguntó a su padre, don Poseidón, qué debía hacer en la noche de las bodas. “No se preocupe m’ijo -lo tranquiliza el vejancón-. La Madre Naturaleza es sabia. Ella se encargará de mostrarle el caminito de la felicidad”. Al día siguiente de los desposorios don Poseidón le preguntó con pícara sonrisa a su retoño: “¿Encontró m’ijo el caminito de la felicidad?”. “Sí, ‘apá -responde el mocetón-. Aunque, la verdad, a mí me pareció más bien autopista”. (Nota: Y de cuatro carriles, por lo menos)... Dos cazadores aficionados salieron con sus escopetas. Se separaron para buscar la caza, pero a poco llegó uno muy