Un rabino judío y un sacerdote católico, ambos ancianos ya, estaban platicando. Le pregunta el rabino al sacerdote: “¿Alguna vez cometiste un pecado contra tu religión?”. “Sí -se apena el cura-. Una vez le hice el amor a una mujer. Y tú ¿cometiste alguna falta contra tu religión?”. “Sí -confiesa el rabino, también muy apenado-. Un día comí carne de cerdo”. Se queda pensando el sacerdote y dice luego: “Creo que mi pecado fue mejor que el tuyo”... Himenia Camafría, madura señorita soltera, charlaba con su amiguita Solicia Sinpitier, otoñal célibe como ella. Le dice: “¿Supiste que murió el tercer esposo de Felicia? Ella lo cremó, y esparció sus cenizas por el viento”. “¡Caramba! -exclama con lamentoso acento la señorita Sinpitier-. ¡Unas no encontramos marido, y otras tienen hasta para aventa