El tipo sacó a bailar a la muchacha. A la mitad de la pieza se dio cuenta sorprendido de que ella parecía hacerse más alta, y más alta, y más alta. “-Perdóname -le dice lleno de asombro-. ¿Por qué me da la impresión de que estás creciendo?”. Responde ella: “-Es que tengo una pata de palo, y me estás dando las vueltas para el lado en que se desenrosca”... El maduro y ricachón ejecutivo visitaba en su departamento a la curvilínea y voluptuosa chica. Después de disfrutar sus favores le pregunta: “-¿Cuánto te debo, Rosilí?”. “-Son 75 pesos”-responde ella humildemente-. “-’¿Cuánto?!” -se asombra el señor-. “-Setenta y cinco pesos” -repite la muchacha-. “-Oye, Rosilí -le dice bondadosamente el caballero-. Lo que cobras es verdaderamente absurdo. Esa cantidad tan ínfima no hace honor a tus encant