Un hombre solitario bebía silencioso y cabizbajo en la barra de una cantina. El tabernero, compasivo como todos los de su oficio, le preguntó la causa de su pesadumbre. “Estoy bebiendo a la memoria de mi esposa -responde sombríamente el individuo-. En vida fue una santa. Oraba día y noche. Por estar en sus rezos no aceptaba mis acercamientos amorosos, ni se cuidaba de los asuntos de la casa. Continuamente cantaba himnos religiosos; se pasaba los días en el templo; leía la Biblia a todas horas, y siempre estaba invocando el nombre del Señor”. Comenta lleno de admiración el cantinero: “¡Sí que su esposa era una santa! ¡Dios debe haberle enviado una buena muerte!”. “No tan buena -replica el individuo-. La estrangulé”... Televisa Monterrey celebró los primeros 50 años de su vida. Parece que fu