Nosotros sábado 20 de sep 2008, 11:09am - nota 3 de 5

A Cien por Hora...

Ricardo Rubín

BANDERAZO DE SALIDA.- Un día cálido, en Sarasota, Florida, salí con mi hijo Ricardo a hacer algunas compras. Cuando terminamos le pregunté si no le apetecía una cerveza fría y me respondió que sí... “Bien”, le dije. “Yo invito, pero tú escoges el lugar adonde ir”... Ricardo, en cuyo coche andábamos, estuvo de acuerdo y nos dirigimos a pocas calles de allí. Cuando llegamos, descendimos frente a una casa de madera con una amplia terraza al frente y arriba un letrero “Hooters”, que en buen slang significa “bustonas”... Las meseras, todas jóvenes y bonitas, usaban blusas ligeras y escotadas, y una faldita corta, aunque no todas eran de busto grande como se suponía que debían ser.

Más vistas en Nosotros
1 2 3 4 5

CURVA PELIGROSA.- A nuestra llegada, una de ellas nos saludó con una sonrisa y nos condujo a un pequeño reservado. Nos dijo que se llamaba Hazel, que ella nos atendería, y nos preguntó qué deseábamos tomar. Le dije a mi hijo que él pidiera por los dos y ordenó una jarra de cerveza y un plato con alitas de pollo... “Este platillo”, me dijo cuando Hazel se fue, “son alas fritas, jugosas y suaves, preparadas en una salsa especial y secreta llamada ‘Bufalo’. Y aquello era cierto, porque en casi todas las mesas de los demás clientes comían con entusiasmo aquel platillo, aunque también servían tortas y sándwiches... Mientras la mesera nos traía lo ordenado, mi hijo me contó la historia de ‘Hooters’”.

RECTA FINAL.- Dos estudiantes universitarios tuvieron la idea de establecer un restaurante-bar con aquellas características, y para comenzar contrataron sólo a muchachas estudiantes bonitas y con un busto bien desarrollado. El éxito fue tal, que en la actualidad hay una cadena de más de cien bares iguales, dentro y fuera de Estados Unidos. Ahora ya no se contrata sólo a chicas universitarias, pero se mantiene firme la regla de no permitir que las meseras alternen con los clientes, y cuando alguno de ellos se porta en forma indebida es expulsado enseguida del bar... Mi hijo y yo bebimos con deleite la cerveza rubia y fría y atacamos con apetito, el plato de alitas de pollo... Entre bocado y bocado, y entre trago y trago, Ricardo y yo hablamos de muchas cosas, no tanto como padre e hijo, sino como buenos y grandes amigos.

META.- Estando allí, sentados frente a frente, sin inhibición alguna y con la mayor confianza, me sentí un hombre y un padre muy feliz... Y recordé entonces a mi propio padre con quien algunas veces tomé también algunas cervezas en casa con los bocadillos que preparaba mi mamá. Y charlábamos, charlábamos larga y sabrosamente, y yo le pedía –como mi hijo me lo pide a mi— algún consejo y orientación sobre algunas dudas que yo tenía... Mi padre murió pero aquellos momentos tan gratos e inolvidables que pasé con él los he vuelto a vivir con mi hijo, y créanme que estoy seguro que él también atesora esos momento y ojalá que los viva también con sus hijos cuando los tenga.

Ordenar en línea Edición impresa + Internet
pulse: a para ver nota anterior, s siguiente, i para ir al inicio, f para ir al final.

Cia. Editora de la Laguna. Av. Matamoros 1056 Pte. Col. Centro, Torreón Coah. México, C.P. 27000
Historia | Directivos | Contáctenos | Aviso legal
Conmutador: 871.759.1200 | Publicidad 759.1200 ext 1310 | Suscripciones 716.4514 | Telemarketing 759.1259
Síguenos en:

Hay 706 usuarios registrados en línea. »IR AL CHAT