Llegó al banco una estupenda morena de esculturales formas y ubérrimos encantos anatómicos. Le dice al gerente: “Quiero abrir una cuenta de cheques mancomunada”. “Cómo no -responde el funcionario-. ¿Con quién?”. Responde la muchacha: “Con alguien que tenga mucho dinero”... A mitad de la noche estalló un formidable incendio en el convento. La madre superiora despertó al oír gritos y sirenas de bomberos; saltó de la cama y echándose encima lo primero que encontró salió apresuradamente del claustro en llamas. Cuando el incendio quedó controlado le dice el jefe de los bomberos: “Madre: sería bueno que buscara usted al padre capellán”. Pregunta ella: “¿Para informarle del incendio?”. “No, -dice el apagafuegos-. Para que hagan un intercambio: usted trae puesta su sotana, y él trae su hábito”...