
Pobladores temen que al abandonar sus casas les roben sus escasas pertenencias.
Con tristeza y dolor, Sanjuana Ortega ve cómo su casa se va hundiendo poco a poco en aquella abra que se formó en su patio, la noche del sábado. Sus gallos, polluelos y tortugas han quedado atrapados pues ya es imposible entrar a su jacal.
Y es que la grieta ha alcanzado un diámetro aproximado de diez metros, la cual ha invadido gran parte de la vivienda contigua a la de Sanjuana; aquella en la que cayera su esposo Genero esa misma noche en la que apareció.
Cerca de 17 viviendas están en peligro de sufrir hundimientos y otros daños, según la Dirección de Protección Civil, cuyos elementos realizaron una inspección el día del hundimiento. Aunque ya han sido desalojadas diez familias, el resto permanece en s